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jueves, 28 de agosto de 2008

Inclusión Digital para el Tercer Sector

Novedosos inventos son parte de nuestras vidas, a diario vemos objetos que parecieron haber salido de un filme futurista y lo mejor de todo es que están al alcance de nosotros, los cambios generados a partir de la aparición de los primeros ordenadores, son palpables en cualquier ámbito de nuestra vida. A través del tiempo, hemos observado como la forma de escuchar música, cocinar, enviar una carta, viajar, realizar compras y hasta comunicarse con el resto del mundo se ha modificado.

Los dispositivos que han generado estos cambios continuarán y seguirán su curso, hasta lograr minimizar y agilizar las funciones con que cuentan. Me atrevo a asegurar que todos hemos sido beneficiados de manera directa o indirecta por la tecnología, el número de pasos a seguir para realizar una actividad y el tiempo que nos toma llevarla a cabo se ha simplificado y reducido significativamente para nuestra conveniencia.

La tecnología llego a todas las áreas donde es aplicable y la educación no es la excepción. Las computadoras y los sistemas multimedia utilizados hoy día facilitan el conocimiento a los niños, mientras que los maestros se actualizan para estar al día en el uso de estas herramientas, pero a pesar de estos esfuerzos, como menciona Papert en su libro “La máquina de los niños” (1995), parte del avance adquirido únicamente será provechoso para las clases privilegiadas, pues si bien es cierto que aplicaciones como la enciclomedia están presentes en las escuelas rurales, los niños de estas comunidades difícilmente cuentan con una computadora en casa que les permita revisar, conocer y explorar más a fondo, algún tema dado durante las lecciones en la escuela.

Esta problemática se presenta de forma homogénea en toda América Latina, es por tanto en este punto donde vale la pena preguntar ¿De quién es la tarea de crear opciones para estos grupos desfavorecidos? Se podría suponer que del gobierno y las instancias encargadas con lo relacionado a la educación y aspectos sociales, la experiencia me dice que quienes están atendiendo estas necesidades son las Organizaciones no Gubernamentales a través de proyectos financiados por la sociedad civil, fondos internacionales y empresas privadas.

Estas necesidades quizá no son tan evidentes para quienes contamos con una computadora de escritorio y servicio de internet gratuito en algunos locales o a bajo costo en salas de internet, pero recientemente me enfrente a la realidad de las comunidades indígenas en vías de desarrollo.

Estas son dos historias ocurridas en dos diferentes localidades mazahuas para las que presto mis servicios. En una de ellas, una computadora fue donada para beneficio de 100 estudiantes de secundaria que habitan el lugar, el café internet más cercano se encuentra aproximadamente a una hora de camino a pie, sin lugar a dudas contar con un equipo para realizar sus tareas sería de gran utilidad. El día que el ordenador fue instalado en casa de una familia voluntaria surgió una pregunta: -¿Qué persona dará mantenimiento y aclarará las dudas sobre el funcionamiento de las aplicaciones?- Los adultos se miraron entre si y los jóvenes decían no tener el conocimiento suficiente para asesorar a otros sobre como convertir la computadora en una herramienta que les facilitara sus tareas y no verla como un dolor de cabeza que traería mas problemas que soluciones.

En otra comunidad, la directora de una escuela primaria que cuenta con sala cómputo no les permite a los maestros utilizar el material, pues considera que al usarlo podrían generar una descarga eléctrica, descomponer y arruinar lo que con tanto esfuerzo han logrado conseguir. Considerar la reparación o mejor aún la compra de pilas suficientes para los equipos no es una de las opciones que la directora ve como alternativa, así que para evitar contratiempos se prohíbe el acceso y uso de estos recursos.

Estas historias y otras más describen la realidad que niños y jóvenes del tercer sector viven a diario en esta era digital, donde el objetivo final no debería ser el de abastecer de equipos de cómputo a escuelas primarias y secundarias sino el de generar las capacidades necesarias para que las máquinas estén al servicio del hombre.

En Brasil la Red de Información para el Tercer Sector (RITS) inició en 1997 como un sitio para hospedar a todas las ONG´s del país, con el tiempo sus servicios se ampliaron brindando intranet, correo electrónico y una revista semanal con noticias y reportajes de temas diversos. El interés del RITS por incluir a los grupos que no tienen acceso a la tecnología creció al grado de llamar la atención del gobierno municipal de Sao Paolo y decidió colaborar con la organización para poner en marcha 80 telecentros ubicados en los barrios más pobres de la ciudad, cada telecentro cuenta con 20 computadoras y acceso gratuito a internet, todo esto financiado por el gobierno municipal a través de un fondo creado específicamente para este fin, el RITS por su parte colabora organizando comités en los barrios para administrar y manejar el uso de los equipos.

Con estas acciones la ONG y sus redes de apoyo brindan una opción para adquirir nuevos conocimientos a través de las computadoras, mientras que en México la sociedad civil aporta centavos extras en cada compra para equipar escuelas, cuando se cuenta con redes satélitales y servicios de telecomunicaciones con excelente cobertura, con todos estos recursos es evidente que nuestro país cuenta con todo lo necesario para realizar la inclusión digital del tercer sector, sólo se requiere de un verdadero trabajo en equipo.

Fuentes consultadas:

Papert, S. (1995). La máquina de los niños. Replantearse la educación en la era de los ordenadores. Barcelona: Paidós.

Srivastava, Chantal. 10 de Octubre de 2005. A Robin Hood for the Digital Age. IDRC. http://www.idrc.ca/en/ev-47029-201-1-DO_TOPIC.html (Consultada el 5 de Febrero de 2008)

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